En el funeral de mi alma,
sujetando el arma homicida.
Culpa, frustración,
dolor, melancolía.
A ciegas rompí el espejo,
cuya mirada me sentía conocida.
sujetando el arma homicida.
Culpa, frustración,
dolor, melancolía.
A ciegas rompí el espejo,
cuya mirada me sentía conocida.
Fingiré que mi amigo fue el suicida,
que yo solo hacía
de la pobre rehén en el aparte censurado
de mi autobiografía,
que fui el cebo del monstruo del pozo
y de repente me vi ahí,
deshecha, desnuda.
que fui el cebo del monstruo del pozo
y de repente me vi ahí,
deshecha, desnuda.
Morí en vida y existí en muerte;
perseguí la luna
sin saber que era ella
la que siempre venía a verme.
La cruz acabará moviendo mis hilos,
perseguí la luna
sin saber que era ella
la que siempre venía a verme.
La cruz acabará moviendo mis hilos,
pero ¿cuál será mi nuevo nido?
Sin ropa blanca,
no seré más que un simple ángel caído.
No pretendo ser alguien cuerdo;
de momento, le rezo mi propio credo
al amor incierto:
que libre a mi corazón del hielo,
que me cure a besos en el cuello,
que nunca cese este cosquilleo.
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