Virtud y castigo

Tiré las llaves dentro de la jaula y ahora deambulo con las costillas rotas por el más allá, esperando mi castigo. Te miro a los ojos, me sonríes y te abrazo con fuerza. Trazas en mi espalda un te quiero con el dedo mientras recorres mi cuerpo y es, entonces, cuando ya me da igual cualquier maldición perpetua porque he encontrado la salvación eterna en tu pecho, cuando ya no me importa lo viva y lo muerta que me siento, cuando ya solo soy una vulnerable mortal desnuda ante el amor.

Nos bebemos sedientos y por un momento se me olvida coger aire, pero me sigues besando, me estás cosiendo la piel y me estremezco, me agarras del cuello, mi piel se eriza y entonces sé que tengo miedo. Me da miedo tener que salir a por la ropa que dejé detrás de tu puerta y no saber la contraseña para volver a entrar. Me da miedo que nunca mueras en mí porque llevo tu boceto tatuado en tinta invisible, porque llevo tus besos sellados en mi alma, porque eres de carne y hueso, pero yo me niego a saber si lo seguirás siendo mañana. 

Me aferraré a tus sábanas hasta que me suden las manos y tenga que soltarme. Te querré hasta ese momento, aunque lo siga haciendo después porque siempre te voy a querer más de lo que te digo, porque sobre mis labios correrán las aguas de mis lágrimas, pero nunca las de tu olvido. Le he mandado mis cartas de amor a la Luna, para que no muera conmigo la salvación que yo encontré, pero que nadie puede dar por perdida.

Premonición

No sé cuánto tiempo va a durar esto, cuánto más queda por llorar hasta apagar el infierno. Presiento la hecatombe de mis huesos, de mi alma ...