Premonición

No sé cuánto tiempo va a durar esto, cuánto más queda por llorar hasta apagar el infierno. Presiento la hecatombe de mis huesos, de mi alma que no encuentra resguardo, de mi piel hastiada del temblor. Tengo miedo de perderlo todo y también de llevarlo siempre conmigo. Me cuesta mirarme a los ojos y entender lo que esconden; me niego a darme cuenta de que solo estamos yo y esta sensación de vacío. Siento que el escapismo me va a acabar matando; se me agotan los recursos para entretener a mis impulsos de morderme los labios, de insultarme a la cara y de arañarme la piel. Mamá ya no me encuentra, mamá seca mis lágrimas, mamá no quiere mis versos tristes y yo tampoco los suyos. Intento ahogar esta pena tan dentro que solo pueda flotar el consuelo, pero sale todo aquello que repudio. Me armo de valor para convencerme de que no me estoy muriendo, aun cuando me paso cinco días frustrada por recuerdo. No sé por qué me siento tan lejos de mí, de ti, de todo lo que intentaba ser. Ya no sé ni de quién son estas muelas que me muerden la lengua, ni de quién son estos ojos que lloran de tanto buscarte en cualquier pozo sin fondo.

Te ruego que te calles, que te vayas, que me eches. Rechazo mi propia sangre y no se acaba la sed, de tenerme contra las piedras, de verme en el suelo quitando las flemas, de repasar cada uno de mis pasos como si hubiera otra opción que la de perder. He salido ardiendo de este incendio por jugar con las piedras que encontraba y ahora solo hallo una capa de escarcha sobre una herida sin cerrar. La siento tan ceñida al cuerpo que se encarna, se me inflama, me corta, me desangra. Ya no quedan vendas ni gasas, ganas ni fuerzas, de ser quien yo era, de ver cómo sería fundir esta masa correosa en un molde hirviendo y sacarla de mí. ¿Qué hago con esta pena que se ha vuelto mi amante?, preguntan mis manos heladas, infiere mi aliento desgastado, suplica mi corazón enfermo. Ya no reconozco la piel que enjabono, ni la boca que enjuago, ni mucho menos la mirada a través del espejo. La pintura blanca del rostro cada vez es más borrosa, menos feliz, y a mí me aterra no poder corregir más este retrato grotesco cargado de angustia, que no ha ventilado la casa ni cambiado las sábanas porque tiene el cuerpo dormido y la mente no está.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Premonición

No sé cuánto tiempo va a durar esto, cuánto más queda por llorar hasta apagar el infierno. Presiento la hecatombe de mis huesos, de mi alma ...