No sé en qué momento el agua de la ducha dejó de penetrar en mis poros, no sé en qué momento dejé de despertarme sin miedo y sin dolor; solo sé que esta soy yo ahora y que tengo que esforzarme en vivir, aunque me quiera arrancar el corazón y los sesos, aunque sienta que me estoy quedando vacía y que es esto lo más real que tengo. Suena ridículo pensar que hasta hacía unas semanas las manos me controlaban el pulso y ahora insisten en hincarme las uñas en la garganta. No sé en qué momento empecé a tener tantas ganas de echarlo todo por la borda, de despedirme de todos por un tiempo. Echo de menos el sueño porque es solo ahí cuando no recuerdo. Ahora la nada y yo somos un mismo concepto.
Ya no entiendo el rechazo que me vendo, o quizá sí lo entiendo por completo. No sé qué estoy haciendo, no sé qué amo ni qué desprecio, no sé en qué mano tengo escondida la bola; solo sé que esta soy yo abriéndome en canal porque fuera no puedo, destripándome con un puñado de astillas que denominé "tiempo al tiempo". Me preocupa no volver y a la vez quiero irme lejos. A veces grito para saber que me escucho; a veces me enfrento al espejo para saber que me veo. Estoy cansada de escuchar a los demás diciendo quién soy, cuando yo sigo sintiéndome la mala del cuento. Yo ya no sé si sacar la bandera blanca es de valientes o de cobardes, solo sé que me duele, me duele cada cosa que tengo dentro.