Acto primero: Conticinio

Hoy es el estreno de la obra. Todavía me quedan unos minutos para salir a escena, preludio que malgasto en intentar sanar mis heridas. Estoy aquí, tendida en la misma cama, la misma colcha, las mismas sábanas. En la quietud de esta ruidosa alcoba, me deslizo por el colchón blanco putrefacto, bañándolo en sangre. Solo siento la cabeza recorriendo la almohada y me estremezco; me retuerzo de dolor obstinada en anclar las puntillas al somier sin que se me engarroten los pies. Observo el encaje de mis bragas y trazo una ola desde el ombligo, despacio. Noto cómo me empieza a hervir la sangre y, entonces, mi cuerpo se alza poseído en una bocanada de aliento que me llena de placer. No tengo muy claro si he perdido el juicio, si quiero armarme de dolor o de paciencia porque ya no sé lo que es real o lo que es fruto de mi intrusiva percepción, y menos a estas alturas del conticinio, cuando me siento más sola, más abandonada, más vulnerable que nunca. 

Me he adaptado a la rutina de arañazos en la piel; piel que no reconozco como mía, sino como un ente corpóreo lleno de suturas, con el que puedo jugar cada vez que siento que debo sabotear mi alegría. Encuentro la satisfacción cuando por fin se caen los párpados, cuando me desprendo del sujetador y me suelto el pelo. Pero, entonces, me despierto. El sudor recorre mi cuerpo y yo sigo en el mismo maldito escenario, con un foco roto y mil miradas perdidas centradas en mí. Después de tantos bailes, me he dado cuenta de que no puedo salvarme sola, de que si el dolor quiere someterme lo hará, tantas veces como desee. Adopto mi forma inerte y por inercia miro el móvil, pero no hay paloma mensajera, no hay salvación, no hay ningún credo. Se interrumpe el conticinio y se abren las puertas del infierno: se ha iluminado la luna; están llorando los lobos; mi boca encuentra la suya y mis lágrimas se deslizan por las comisuras de sus labios. Se abre el telón: el rojo de la fibra sangrienta se seca y entran en escena cientos de hilos y plumas. ¡Adiós, mente cruel, contempla el retorno de mis sueños!

2 comentarios:

Premonición

No sé cuánto tiempo va a durar esto, cuánto más queda por llorar hasta apagar el infierno. Presiento la hecatombe de mis huesos, de mi alma ...